Por cada gramo de esfuerzo depositado en algo que sabes ciertamente que va a motivarte, pierdes un kilo de esperanza en lo demás al darte cuenta de que, sí, que sabes que va a motivarte, pero que conseguirlo se torna muy difícil. Existe un amplio abanico de salidas. Al igual que existe un amplio abanico de esfuerzos. Las salidas nunca retroceden, pero el esfuerzo que has de hacer para acercarte a ellas menguará tu mente y tus sentidos, hasta hacerte desfallecer.
Ya no quedan motivos aparentes por los que seguir depositando esfuerzos. Todo es confiado a un abismo del cual sólo se espera olvido; del cual sólo se espera consuelo. Lo llame como lo llame, lo cierto es que siempre estará ahí, tratándose de una auto-solución que en un futuro devolverá todo el daño que confías que digiera, pero que por el momento, te alivia.
Todo el peso del pesar de un alma carece de la compasión por la mente y por el cuerpo en el que están encerrados, provocando que este siempre busque las mismas salidas. Siempre iguales. Una vez tras otra, como un autómata, buscarás objetivos con los que te sientas realizado, pero no ya por el hecho de que en verdad lo creas así, sino porque se necesita más el hecho de luchar por algo, el esfuerzo que cada uno este dispuesto a otorgar para conseguirlo para a la vez sentirte útil, que el fin al que quieres arropar.
Sabes que por mucho que luches, tus esfuerzos se emplearán cada vez más, y ante la impotencia surgida antes ante tales situaciones, a sentirte válido para luchar por lo que sea.
Sabes que cada vez quedan menos cosas por las que merece la pena dejarse el alma, la piel, la sangre. Y, contradictoriamente, también sabes que hay demasiadas cosas por las que merece la pena intentar un mínimo esfuerzo para conseguirlas. Que son las que te otorgarán un olvido rápido sí… Pero que también convertirán en rápido tu desvanecimiento.
Elige: desaparecer luchando, o luchando por desaparecer.
Hika… Mejórate.
Escrito en Reflexión
Etiquetas: Inutilidad, Pesimismo