Lips

•14 septiembre, 2010 • Dejar un comentario

Cuando tus labios todavía son rojos, igualan el color de mis latidos. Haciendo hervir mi sangre al son de cada uno de tus suspiros. No puedo robarte nada y sin embargo, si que puedo dártelo todo. ¿Para qué me sonríe la luna por la noche, si me llevaré en el recuerdo una sonrisa mucho mas brillante que la suya? Nada es igual después de compartir tu alma con tu vida. ¿Qué buscan las estrellas y por qué tanto empeño en lucir esos vestidos de boda tan brillantes? Si lo más brillante del mundo ya lo has tenido momentos antes…

Normal que en noches en las que los labios, los suspiros, los latidos, y tu vida te faltan, implores a la luna y a las estrellas para que te ayuden. Y aún así te quejas de no obtener consuelo con nada…

Os habéis olvidado por completo de todo lo que os ampara en momentos duros sustituyéndolo por remedios impuros, fríos y efímeros que otorgan falsa alegría y bienestar… Ahora os toca aprender a consolaros solos.

Lights.

•15 junio, 2010 • Dejar un comentario

Caminas y las farolas te abren el paso. Se consume un cigarrillo a tu merced, al igual que la vida se degrada con el paso de las esperanzas fundadas en simples ilusiones. Las estrellas nunca volverán. No como aquella vez que las viste tan de cerca, y las pudiste saborear haciendo tuya la plenitud del cielo. Nada importa. Tus pensamientos protagonizarán después inevitables martirios sobre tu persona y el alcohol resbalará por tu corazón, acogiéndolo en el olvido. No hay salida para las personas que se refugian en la noche. No hay hueco para muchas de las luces que se refugian en mi persona. No hay elixir para los cigarros que se apagan con el viento. No hay cielo para aquellas estrellas que ya no volverán.

Sol.

•27 abril, 2010 • Dejar un comentario

Sentimiento de sangre de vida correteando por las venas. Anda, y no mires atrás. Susúrrale a cada rincón del universo que no estás hecho para disfrutarlo mientras no sea una contemplación absoluta. Divide los motivos que dispersan tu mente en un afán por recuperar lo que la vida de los horarios y las prisas te arrebató al nacer. Lucha eternamente contra lo que te hace vivir y por lo que morirías injustamente o justamente. Lee los versos de los atardeceres que te otorgan una paz pura y coloreada venida desde muy lejos; desde donde no hemos podido llegar a perturbar nada aún. Escucha los lamentos sordos de todo lo que te rodea en un intento por salir de una fría y estática estabilidad impregnada de odio y placeres maquiavélicos. Frena ante todas aquellas mínimas cosas que le otorguen a tu mundo un sentido estrictamente diferente y no rutinario. Evádete de las miradas de rencor que posan sobre ti los logros del día a día y consuélate con el esfuerzo que realices por una mísera recompensa. Bebe del cáliz de la lujuria y de la pasión sin llegar a la maldad, y besa los labios de las noches que de primeras te otorgan un fuerte abrazo. Sumérgete en los mares de tu alma. En los mares de cristal de reflejos imposibles. En esos mares frágiles que has visto crecer. En esos mares frágiles que tuyos son, y por los cuales navegas. En esos mares, en los cuales naufragarás.

Precio.

•12 abril, 2010 • Dejar un comentario

Por cada gramo de esfuerzo depositado en algo que sabes ciertamente que va a motivarte, pierdes un kilo de esperanza en lo demás al darte cuenta de que, sí, que sabes que va a motivarte, pero que conseguirlo se torna muy difícil. Existe un amplio abanico de salidas. Al igual que existe un amplio abanico de esfuerzos. Las salidas nunca retroceden, pero el esfuerzo que has de hacer para acercarte a ellas menguará tu mente y tus sentidos, hasta hacerte desfallecer.

Ya no quedan motivos aparentes por los que seguir depositando esfuerzos. Todo es confiado a un abismo del cual sólo se espera olvido; del cual sólo se espera consuelo. Lo llame como lo llame, lo cierto es que siempre estará ahí, tratándose de una auto-solución que en un futuro devolverá todo el daño que confías que digiera, pero que por el momento, te alivia.

Todo el peso del pesar de un alma carece de la compasión por la mente y por el cuerpo en el que están encerrados, provocando que este siempre busque las mismas salidas. Siempre iguales. Una vez tras otra, como un autómata, buscarás objetivos con los que te sientas realizado, pero no ya por el hecho de que en verdad lo creas así, sino porque se necesita más el hecho de luchar por algo, el esfuerzo que cada uno este dispuesto a otorgar para conseguirlo para a la vez sentirte útil, que el fin al que quieres arropar.

Sabes que por mucho que luches, tus esfuerzos se emplearán cada vez más,  y ante la impotencia surgida antes ante tales situaciones, a sentirte válido para luchar por lo que sea.

Sabes que cada vez quedan menos cosas por las que merece la pena dejarse el alma, la piel, la sangre. Y, contradictoriamente, también sabes que hay demasiadas cosas por las que merece la pena intentar un mínimo esfuerzo para conseguirlas. Que son las que te otorgarán un olvido rápido sí… Pero que también convertirán en rápido tu desvanecimiento.

Elige: desaparecer luchando, o luchando por desaparecer.

Hika… Mejórate.

Música

•11 abril, 2010 • 2 comentarios

Ni soledad ni la miseria me acompañan ya. Nunca antes lo hicieron. No quedan gritos de angustia en los que poder reflejar simples síntomas de un odio inmenso y recóndito que no sé de dónde procede. No queda cura más allá de los atardeceres que se cuelan por las cada vez más grietas de un alma que no parece alcanzar un apogeo. No queda hueco para el sentimiento de espera ante algo que, sino eterno, dure y le de vida por un tiempo, inundado este por miles de lagunas oscuras de rencor. Alguna vez, la suave armonía de la vida llegó a deleitar un interior acogedor antes y congelado ahora por los días fríos y las noches demasiado tranquilas. Incapaz de encontrar lo que levante un ánimo aplastado por un universo de pesadumbre, sólo limita su vagar por lugares en los que ni su mente ni él signifiquen nada. Acostumbrado ya, a pintar paisajes hermosos ahora y tornarlos en una oscuridad ávida de escritos después. En lo que antes reinaban los colores, sólo queda ahora un mosaico gris, de impotencia y frustración. Sólo un sentimiento trágico parece proceder de su esencia. Y no queda más. Cual río furioso que desciende con fuerza durante la primavera, y que después menguará a un simple hilo de falsa felicidad y esperanza. Transaparente. Como él. Tan frágil… Haciéndose fuerte en su debilidad para no caer en el miedo, añora la noche durante el día, refugiándose en lo que para la mayoría de la gente supone tristeza…
Si no hay nada más por lo que seguir escribiendo… ¿Por qué hacerlo? Nada supone motivos firmes para seguir… Nada. Tan sólo motivos. Insignificantes ante una situación dramática. No hay color entre el pasado y el presente… Tan sólo vida.

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¡Hola mundo!

•11 abril, 2010 • 1 comentario

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